domingo, junio 27, 2010



Herencia de la estirpe maya de Nachi Cocom, costado interior oriente delMuseo Regional de Antropología Palacio Cantón, para que recuerden los eunucos ladrones y descastados del palacio de la sesenta y dos quiénes fueron los pobladores originales y dueños de la ciudad maya de T´hó, zona de monumentos históricos y patrimonio de la Nación, por decreto federal de 1982.


Cuentos de sociedad


Debacle de los enemigos de Yucatán



Agónico el siglo XIX, en 1889, conocida la opinión y propuesta de los notables de Mérida, la autoridad responsable dispuso el desmonte y trazo de la avenida principal de la ciudad, desde la calle 47 hasta lo que es hoy el cruzamiento con las avenidas Colón y Tomás Pérez Ponce, donde como remate erigieron sobre un pedestal la estatua de D. Justo Sierra O´reilly, inaugurada por su hijo durante la visita de Porfirio Díaz en 1906. En su memoria la designaron con el nombre de su fundador. Por breve tiempo se lo cambiaron con el de Nachi Cocom La costumbre le restituyó la designación original y así siguió por más de 20 lustros hasta que en las administraciones depredadoras panistas, por el maltrato que le dieron, particularmente con los carnavales de escándalo y latrocinio, encubiertos por el mega envoltorio de sus deyecciones y sus asalariados, como el cronista que hoy celebra la cobardía de sus patrones, comenzó a ser conocido por el Paseo de Mierdejo.

Ya los turistas y quienes por él discurrían eran víctimas de la fetidez de sus zonas antaño jardinadas, con anuencia de la autoridad municipal, como ocurre hoy en el costado sur del templo de El Jesús, en la calle 59, ftente al parque Cepeda Peraza. Fecalismo tras los arbustos, No hay panista ni chuchería alvaradista, aunque fuese por respeto a la abuela y tías adictas al mílite exhibido por Carranza, junto con yucatecos sin atributos ni para defender el honor de sus mujeres, que se atreva a mencionarlo, como otros asalariados, por temor de incomodar a sus empleadores que encubren semejantes felonías.

Pasaron todas las administraciones panistas y ninguna se atrevió a cambiar el derrotero de las carnestolendas que causaron deplorable daño a nuestra principal avenida y a la imagen de nuestro fundador, en cuyo nombre fue erigida. Tampoco se atrevieron a sacar a concurso una estatua suya que testimoniara sus adhesiones, aunque fuese para lastimar a nuestros padres mayas, señores del Mayab.

Lo maquinaron en la oscuridad para poner sobre el pedestal de su ignominia un capricho lacayuno del funcionario del ayuntamiento que, sin haber sido elegido alcalde lo fue de facto, por lo menos en tres de esas administraciones, por inconfesables servicios prestados a sus ttulares cuya masculinidad puso en entredicho.Así amaneció el jueves montada en esa glorieta, con los velos simbólicos de toda acción indigna.

Este atropello que comentamos es hoy motivo de escándalo y pinta a sus promotores y ejecutores, entre quienes, desde luego, no se encuentra el primer artista yucateco merecedor de ese encargo, si esa hubiese sido la voluntad soberana y así lo hubiesen acordado los jueces calificados. No. No tienen responsabilidad alguna en ese agravio ni el maestro Humberto Peraza Ojeda ni miembro cualquiera de su extraordinario taller de escultura que tan alto ha puesto, a nivel mundial, el solar yucateco. Exclusivo para Lira sartorial- j. r. m. n.