
En la foto, imagen del ex libris del fundador del Diario en el ejemplar ·El Primer Obispado de la Nación Mejicana”, editado en 1897 por Juan Francisco Molina Solís, que le regaló D. Carlos a su hijo Abel Bolívar y éste a Cintarazo, heredero del corazón de su biblioteca. Personaje ficticio, como el Josef K. de la novela inacabada El Proceso en la que trabajó Kafka de agosto de 1914 a enero de 1915, (Obras Completas, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores) el que firma la Primera Columna “Examen de conciencia” en vez de César Pompeyo, título desafortunado, pues para ese examen lo primero que se necesita es conciencia, confunde la figura de un soldado romano con el príncipe azteca en otra de sus imprecisiones o fantasías, si dispensamos el dolo.- j.r.m.n.
Cuentos de sociedad
Cacofónica exoneración a carcajadas
por maquillado examen de conciencia
ROMANO CONFUNDIDO CON CUAUHTÉMOC
“!Qué peste, Cintarazo, cuánta porquería!”. Bertolino Cojitranco refería a su cuaderno lo que vio en la banca rosada del parque de San Juan al bajar el telón de mayo. Vittorio Emmanuele Zerbbera leía entre carcajadas la más reciente calumnia de César Pompeyo firmada con el nombre ficticio de Carlos R. Menéndez Navarrete, el único director de periódico defenestrado de un lengüetazo halitoso, sucedido, por si fuera poco,
por el ahora filoso Mega manco de Papantla, a quien los barrios bajos atribuyen la paternidad de globito y bizcochito, genialidad rubricada por la magia del horno para los churritos sueltos a los que recomienda amarrar con lo que sea.
Cacofónicamente dejaba caer sus cachalotes con el remate de una pedorriza que ahuyentó a los taxistas del rumbo. –Este Carlos R. sí es un perito mafioso –comentó ya sereno su alter ego, y añadió: “Aunque su papá le recordó a Gracián; “Dádivas quebrantan peñas”, distraído con Hitler, el Turco, Kafka y Fitzgerald, se le fue otra cita célebre de Baltasar: “El elogio en boca propia es vituperio”. Sabedor de que la estupidez es redonda e infinita, pretende que sus contados lectores y lectoras crean que el depauperado medio que heredó a su vástago es el mismo que enfrentó a Calles. Su abuelo careció de yerno alguno al que motejaran el cochinón y se enriqueciera con los panistas ladrones mediante la entrega ignominiosa de su suegro. Sabe untar a los funcionarios retecos para que le hagan milagros oficiales, como remendar su árbol genealógico y sustituir por Domínguez a un Gasque ennegrecedor de su apellido.
Finge cultura y buena memoria, pero olvida que su retoño le publicó a su abuelo un ex libris propio de él: “Me doblo, pero no me quiebro”. Tuvo que rectificar la horrible falla en su Imagen cuando Cintarazo le hizo el cuento de las dentaduras postizas parlantes que también entre carcajadas se burlaron con la voz de su abuelo espetándole “me cago, pero no me limpio”. Vergonzante dio a la imprenta la corrección que le impuso su hermano, pero a la chita callando.
La risa de Vittorio Emmanuele la originó la afirmación pompeyesca de que don Carlos ponía en todos sus libros, con su lema, la imagen del águila que cae, como si al fundador del Diario le hubiesen torturado los pies con fuego. Tomó César al azteca por un soldado romano con yelmo, escudo, espada y espinilleras, digno de figurar entre los personajes de la familia Burrón que diseñó el difunto Vargas.
Una cosa es el Diario de 1925 y otra, muy distinta, su mala caricatura que hoy dirige un periodista analfabeta. Seguirán comprando suscritores con regalos para simular lectores que no tienen. Por eso Inventan lo de Cuauhtémoc y el “Examen de conciencia” de la que carecen. Mr. Zerbbera seguirá su pirotecnia intestinal desde el más allá que al personaje ficticio con el que firma Pompeyo ya le queda más acá. Exclusivo para Lira Sartorial- j.r.m.n.
Cuentos de sociedad
Cacofónica exoneración a carcajadas
por maquillado examen de conciencia
ROMANO CONFUNDIDO CON CUAUHTÉMOC
“!Qué peste, Cintarazo, cuánta porquería!”. Bertolino Cojitranco refería a su cuaderno lo que vio en la banca rosada del parque de San Juan al bajar el telón de mayo. Vittorio Emmanuele Zerbbera leía entre carcajadas la más reciente calumnia de César Pompeyo firmada con el nombre ficticio de Carlos R. Menéndez Navarrete, el único director de periódico defenestrado de un lengüetazo halitoso, sucedido, por si fuera poco,
por el ahora filoso Mega manco de Papantla, a quien los barrios bajos atribuyen la paternidad de globito y bizcochito, genialidad rubricada por la magia del horno para los churritos sueltos a los que recomienda amarrar con lo que sea.
Cacofónicamente dejaba caer sus cachalotes con el remate de una pedorriza que ahuyentó a los taxistas del rumbo. –Este Carlos R. sí es un perito mafioso –comentó ya sereno su alter ego, y añadió: “Aunque su papá le recordó a Gracián; “Dádivas quebrantan peñas”, distraído con Hitler, el Turco, Kafka y Fitzgerald, se le fue otra cita célebre de Baltasar: “El elogio en boca propia es vituperio”. Sabedor de que la estupidez es redonda e infinita, pretende que sus contados lectores y lectoras crean que el depauperado medio que heredó a su vástago es el mismo que enfrentó a Calles. Su abuelo careció de yerno alguno al que motejaran el cochinón y se enriqueciera con los panistas ladrones mediante la entrega ignominiosa de su suegro. Sabe untar a los funcionarios retecos para que le hagan milagros oficiales, como remendar su árbol genealógico y sustituir por Domínguez a un Gasque ennegrecedor de su apellido.
Finge cultura y buena memoria, pero olvida que su retoño le publicó a su abuelo un ex libris propio de él: “Me doblo, pero no me quiebro”. Tuvo que rectificar la horrible falla en su Imagen cuando Cintarazo le hizo el cuento de las dentaduras postizas parlantes que también entre carcajadas se burlaron con la voz de su abuelo espetándole “me cago, pero no me limpio”. Vergonzante dio a la imprenta la corrección que le impuso su hermano, pero a la chita callando.
La risa de Vittorio Emmanuele la originó la afirmación pompeyesca de que don Carlos ponía en todos sus libros, con su lema, la imagen del águila que cae, como si al fundador del Diario le hubiesen torturado los pies con fuego. Tomó César al azteca por un soldado romano con yelmo, escudo, espada y espinilleras, digno de figurar entre los personajes de la familia Burrón que diseñó el difunto Vargas.
Una cosa es el Diario de 1925 y otra, muy distinta, su mala caricatura que hoy dirige un periodista analfabeta. Seguirán comprando suscritores con regalos para simular lectores que no tienen. Por eso Inventan lo de Cuauhtémoc y el “Examen de conciencia” de la que carecen. Mr. Zerbbera seguirá su pirotecnia intestinal desde el más allá que al personaje ficticio con el que firma Pompeyo ya le queda más acá. Exclusivo para Lira Sartorial- j.r.m.n.