

zamaleño singular, supo vivir la vida
Don Bernardo
Para Manuel y Bech, con su tropa
Cumpliò su ley en suelo kalaxeño
donde el cielo sembró con sus miradas.
Señor bajo las noches estrelladas,
mesurado al hablar, siempre risueño.
Nonagenaria juventud, fue dueño
del oro de nacientes alboradas.
En una travesía sin paradas,
hinchó el Viento sus velas proa al sueño.
Gocé su hospitalaria señoría
de anfitrión con la que nos regalaba
guanábana que a Flora agradaría.
Amo de una exquisita cortesía,
resta aún en aquello que narraba
Un poso de vasta sabiduría.
Cintarazo
Mérida, agradecida, 2010