
Cuentos de sociedad
Pudo ser su heredero, por el nombre y la educación recibidos y terminó con
su fama y la de su familia aplastadas por pesada losa fruto del desvarío.
Una mirada oblicua que lo dice todo
Obituario cercano
LO QUE NO DIRA SU NOTA NECROLOGICA
Nueve años y tres meses antes de rendir su obligado tributo a la naturaleza, el fundador del Diario de Yucatán le escribió este soneto a la pálida, el 13 de septiembre de 1952:
Bienvenida! te aguardo sin recelo.
A nada temo ni me aflige nada.
Mi ánima, serena y resignada,
aspira sólo a remontar el vuelo.
¿Qué hay más allá de la extensión del cielo,
que a penetrar no alcanza la mirada?
El Sumo Bien, envuelto en la alborada
de un claro amanecer de terciopelo…!
Ya percibo tus pasos. Ya el arrullo
de tu tierno llamado me estremece
de contrición sublime y salvadora!
Tu ósculo de paz me fortalece:
el pórtico está abierto. Ya es la hora…
Entra Pálida y toma lo que es tuyo!
Lo que don Carlos le pidió Al Redentor en 1937 le fue concedido póstumamente en la persona de su hijo Abel Bolívar, nuestro segundo director, en virtud de la traición de su primogénito, quien lo despojó de la dirección del Diario de Yucatán en una muerte civil anticipada, dejándolo como un títere sin mando, hasta su muerte física, en el encabezado del periódico del que fue obligado a renunciar:
SEÑOR, no vengo a Ti, puesto de hinojos,
a implorarte los bienes terrenales
como consuelo y bálsamo a mis males,
ni que cambies por flores mis abrojos,
es para que me otorgues la Ventura
-el máximum de todos tus Favores,
la suprema Bondad de tu alma pura
y galardón de Amor de tus Amores-
de verter en mi pecho la Amargura
de tu Crucifixión y tus Dolores…!
Frente a su casa del Paseo de Montejo, su yerno HéctorHumberto Cámara Rivas paseaba a D. Abel en su silla de ruedas y lo oía gemir entre sollozos mientras caía la tarde:
-D. Abel yo sé por qué se aflige usted: está así pues lo defraudó su hijo mayor. El pobre anciano seguía sollozando y asentía con la cabeza. Los tamarindos y ramones callaban entristecidos..
El papá del actual director incapaz de escribir un editorial que lo muestre periodista, no millonario por el usufructo indebido de acciones de la empresa editora que nunca fueron de su familia ni de la de sus tíos, pues no pueden exhibir documento alguno en el que sus legítimos propietarios se las hubiesen regalado, vendido o enajenado a su favor, como ya fue probado documentalmente en esta misma Lira sartorial que los dejó, a ellos y a sus herederos, callados para la posteridad, en complicidad de grupo que los estigmatiza.
Autor de la Nota del Día que sentenció en el propio Diario de Yucatán al gobernador Loret de Mola, para despojar a sus hermanos vendió todas sus convicciones y las trayectorias de su abuelo y de su padre, le entregó sus nombres al PRI de Echeverría, Mario Moya Palencia y el propio Loret de Mola, quien después sería su editorialista de lujo con el pseudónimo de Diego Cifuentes y acabó fotografiando al mismo Isidro Avila, según gráfica que le publicó el Diario al concluir su gestión usurpadora que incluyó pedirle a Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, sustraer el expediente del título registrado del Diario de Yucatán, como su propio yerno reveló posteriormente, pues fue testigo, en una cena que les ofreció en su casa, del tejemaneje descrito. No es de extrañar por eso que más tarde Loret de Mola comprara sin pagar una rotativa letter press a sus antiguos detractores protegidos luego de espaldas a la ley y la decencia.
Degradarse después en panista asociado al sexenio de Patricio Patrón Laviada para promover con la complicidad del Diario el enriquecimiento de su yerno Gerardo Millet Palomeque fue cosa luego de regodearse a gusto entre prevaricaciones. Hundió en el propio remolino de su hundimiento el prestigio de su abuelo, su padre y sus tíos hasta convertirse y convertir al Diario y a sus hijos en la antítesis de lo que fueron ellos. Su propia indignidad de concurrir a un teatro a recibir un premio que no le correpondía lo acredita para integrar por derecho propio una parábola sobre el destino universal del hombre, esa diatriba contra los males que brotan del corazón, como narra William Shakespeare en la Vida de Timón de Atenas, la menos conocida de sus obras dramáticas. Su conocimiento y el de sus acciones antifamiliares más que justificarían la misantropía de quienes lo conocen de luz y de tras luz. Miente sin reservas en su nuevo intento por poner a una panista en la alcaldía de Mérida con ayuda de una paralítica sociedad en movimiento, agrupación que finge ser para no ser lo que simulan que quisiera ser.
Conociendo los entresijos de su actuación periodística, sabemos que dejó a su hijo escrita ya su nota luctuosa, con ditirambos inequívocamente mentirosos, ayuna, por supuesto, del balance de sus actos que recoge esta nota pertinente para subsanar lagunas cenagosas, cuando acuda la muerte a recoger su dádiva.- jrmn. Especial para Lira sartorial, Enero de 2010.
Obituario cercano
LO QUE NO DIRA SU NOTA NECROLOGICA
Nueve años y tres meses antes de rendir su obligado tributo a la naturaleza, el fundador del Diario de Yucatán le escribió este soneto a la pálida, el 13 de septiembre de 1952:
Bienvenida! te aguardo sin recelo.
A nada temo ni me aflige nada.
Mi ánima, serena y resignada,
aspira sólo a remontar el vuelo.
¿Qué hay más allá de la extensión del cielo,
que a penetrar no alcanza la mirada?
El Sumo Bien, envuelto en la alborada
de un claro amanecer de terciopelo…!
Ya percibo tus pasos. Ya el arrullo
de tu tierno llamado me estremece
de contrición sublime y salvadora!
Tu ósculo de paz me fortalece:
el pórtico está abierto. Ya es la hora…
Entra Pálida y toma lo que es tuyo!
Lo que don Carlos le pidió Al Redentor en 1937 le fue concedido póstumamente en la persona de su hijo Abel Bolívar, nuestro segundo director, en virtud de la traición de su primogénito, quien lo despojó de la dirección del Diario de Yucatán en una muerte civil anticipada, dejándolo como un títere sin mando, hasta su muerte física, en el encabezado del periódico del que fue obligado a renunciar:
SEÑOR, no vengo a Ti, puesto de hinojos,
a implorarte los bienes terrenales
como consuelo y bálsamo a mis males,
ni que cambies por flores mis abrojos,
es para que me otorgues la Ventura
-el máximum de todos tus Favores,
la suprema Bondad de tu alma pura
y galardón de Amor de tus Amores-
de verter en mi pecho la Amargura
de tu Crucifixión y tus Dolores…!
Frente a su casa del Paseo de Montejo, su yerno HéctorHumberto Cámara Rivas paseaba a D. Abel en su silla de ruedas y lo oía gemir entre sollozos mientras caía la tarde:
-D. Abel yo sé por qué se aflige usted: está así pues lo defraudó su hijo mayor. El pobre anciano seguía sollozando y asentía con la cabeza. Los tamarindos y ramones callaban entristecidos..
El papá del actual director incapaz de escribir un editorial que lo muestre periodista, no millonario por el usufructo indebido de acciones de la empresa editora que nunca fueron de su familia ni de la de sus tíos, pues no pueden exhibir documento alguno en el que sus legítimos propietarios se las hubiesen regalado, vendido o enajenado a su favor, como ya fue probado documentalmente en esta misma Lira sartorial que los dejó, a ellos y a sus herederos, callados para la posteridad, en complicidad de grupo que los estigmatiza.
Autor de la Nota del Día que sentenció en el propio Diario de Yucatán al gobernador Loret de Mola, para despojar a sus hermanos vendió todas sus convicciones y las trayectorias de su abuelo y de su padre, le entregó sus nombres al PRI de Echeverría, Mario Moya Palencia y el propio Loret de Mola, quien después sería su editorialista de lujo con el pseudónimo de Diego Cifuentes y acabó fotografiando al mismo Isidro Avila, según gráfica que le publicó el Diario al concluir su gestión usurpadora que incluyó pedirle a Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, sustraer el expediente del título registrado del Diario de Yucatán, como su propio yerno reveló posteriormente, pues fue testigo, en una cena que les ofreció en su casa, del tejemaneje descrito. No es de extrañar por eso que más tarde Loret de Mola comprara sin pagar una rotativa letter press a sus antiguos detractores protegidos luego de espaldas a la ley y la decencia.
Degradarse después en panista asociado al sexenio de Patricio Patrón Laviada para promover con la complicidad del Diario el enriquecimiento de su yerno Gerardo Millet Palomeque fue cosa luego de regodearse a gusto entre prevaricaciones. Hundió en el propio remolino de su hundimiento el prestigio de su abuelo, su padre y sus tíos hasta convertirse y convertir al Diario y a sus hijos en la antítesis de lo que fueron ellos. Su propia indignidad de concurrir a un teatro a recibir un premio que no le correpondía lo acredita para integrar por derecho propio una parábola sobre el destino universal del hombre, esa diatriba contra los males que brotan del corazón, como narra William Shakespeare en la Vida de Timón de Atenas, la menos conocida de sus obras dramáticas. Su conocimiento y el de sus acciones antifamiliares más que justificarían la misantropía de quienes lo conocen de luz y de tras luz. Miente sin reservas en su nuevo intento por poner a una panista en la alcaldía de Mérida con ayuda de una paralítica sociedad en movimiento, agrupación que finge ser para no ser lo que simulan que quisiera ser.
Conociendo los entresijos de su actuación periodística, sabemos que dejó a su hijo escrita ya su nota luctuosa, con ditirambos inequívocamente mentirosos, ayuna, por supuesto, del balance de sus actos que recoge esta nota pertinente para subsanar lagunas cenagosas, cuando acuda la muerte a recoger su dádiva.- jrmn. Especial para Lira sartorial, Enero de 2010.
