domingo, noviembre 01, 2009






Espronceda juzgó a Pompeyo

CUENTOS DE SOCIEDAD

Pompeyo exhuma a Cervera y sufre un síncope ésmico publicitario

Al día siguiente yerra doble con Espronceda y se granjea un regaño


O no acabó de decir adiós”, oyó Cojitranco en la plaza, “o tenía que hacerle publicidad a Sara Brightman, para mostrarse cariñoso con la gobernadora y enterar a sus fans que es parroquiano de Leicester Square y frecuenta la comedia musical de Weber lo mismo en Las Vegas –conoció con su esposa Lengua Longa los casinos por cortesía de Cuco Xacur Slaimen-, que en Viena., Le impresiona la fortuna recaudada por el compositor y su ex esposa, la de Webber, la suya sigue prendida como sanguijuela". César Pompeyo es fanático de Sara, su apellido cuando firmaba Juan.Para evitar suspicacias, aventura que Cultur rendirá cuentas: regalías de Sara y de Ivonne. Después de elevar su queja, acompañantes del cónsul alemán comentaron que el diplomático sólo asistió porque ese día leyó a César Pompeyo vestido de hermano de Cintarazo. -¿Chi lo sa? solía preguntar su abuelo al final de algunos editoriales.

Engolosinado con su autopromoción viajera -Bueyes cautos- llamaba un maestro de Unamuno a los Boy scouts-, sabedor que él inició a su director en el escultismo, aunque fue Lengua Longa quien lo enseñó a reir como la Pompadour, seguro que no lo frenarían se lanzó con bríos novilleros de nuevo al ruedo editorial, erró dos veces y de ultratumba -son propicias las fechas- le llegó un regaño de su abuelo paterno: “ Si fue a Almendralejo, habrá sido por pendejo”, pues Espronceda nació en Parajes de la Vega y para recordar la Canción de la Muerte del bardo extremeño no necesitaba a ese pobre viejo ni a su nieta. "Pepín sabe que está todavía en mi libro que él da por desaparecido, tal vez para simular buena memoria cuando la cita por boca del viejo de su artículo. Si de verdad la recordara no habría olvidado, como es notorio, sobre todo, la séptima de esas ocho octavas reales. El sólo se pone la soga al cuello", concluyó el fundador del Diario. Don Carlos Solía tener razón, como verán enseguida.-jrmn. Especial para Lira Sartorial.

Canción De La Muerte

Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo duermas para siempre en paz.

Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida la tormenta que pasó;
allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo,
allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.

Soy melancólico sauce que su ramaje doliente
inclina sobre la frente que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.

Soy la virgen misteriosa de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.

En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano
cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.

Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa;
tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré;
ven y yace para siempre en blanca cama mullida,
donde el silencio convida al reposo y al no ser.

Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza;
mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.

Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos de tu herido corazón.

José Espronceda. Madrid, 1840.