martes, octubre 27, 2009




¿Y a mi cuándo me toca?

Cuentos de sociedad

REFLEJOS DE LA VERDAD OBJETIVA
Pompeyo, Lengua Longa y don Abel

Como para pasarle la mano por el lomo adolorido al arzobispo de Yucatán, después de caracterizarlo su ex director como traficante, en complicidad sacerdotal, con el estiércol del demonio en la catedral de Mérida, convertida junto con ellos por los hombres materializados en casa de Mammón, el Diario exhumó en su edición de ayer martes un artículo del obispo de Celaya en el que Pérez Jiménez, a propósito del Cura de Ars, alega que, según datos oficiales, sólo seis de cada cien sacerdotes han fallado a su compromiso, después de aclarar: -Cualquier infidelidad es dolorosa para la Iglesia; lo que no se vale es que por unos cuantos se pretenda generalizar y hablar como si todos los pastores (sacerdotes y obispos) sean un grupo de perversos hipócritas-.”…nos hemos enterado que las dimensiones que se les ha querido dar a los escándalos de los sacerdotes, que son innegables, en realidad no reflejan toda la verdad objetiva”.

Semanas más tarde, arrodillado junto a su cama en un hotel aledaño al aeropuerto de la metrópoli, lo acababa de despertar la telefonista a las 2:30 de la madrugada, cayó desplomado sobre su pectoral. Ignoramos si Emilio Carlos alcanzó a darle las gracias. Cintarazo, cuando aún era párroco, le entregó copia de una interpelación al segundo arzobispo del patio y a su presbiterio. Lázaro le preguntó: -Y a mi, ¿cuándo me toca-? “Cuando hagas suficientes méritos”, fue la respuesta. Días después de su encuentro en la sacristía de la parroquia de Cristo Obrero, le tocó su turno. Luego de visitar Campeche, Girolamo Prigione, representante del Papa en México, reconoció el aeropuerto de Mérida para volver a la metrópoli, mordido ya por la escandalosa acusación ante el vaticano de sodomizar a una religiosa a su servicio en la nunciatura apostólica mexicana, bajo conocimiento de las compañeras de la religiosa. Su congregación quiso retirarse de ese servicio. Girolamo era miembro del poderoso Club de Roma presidido por Angelo Sodano, Secretario del Vaticano. El obispo de Aguascalientes fue comisionado para amedrentar a las religiosas. Perderían su constitución canónica. Berlie cumplió su cometido. La relación anómala continuó y las monjas tuvieron que seguir trabajando en el mantenimiento de la nunciatura al servicio de Prigione. La monja cooperadora se daba aires de abadesa y señora de la casa. Seguramente Emilio Carlos lo recuerda o el Diario le tiene preparado el expediente relativo para mantenerlo a raya cuando quiera salirse del huacal. En esa ocasión, el aún no nombrado obispo de Autlán le llevó a Prigione como regalo de su parroquia una sólida medalla grande de oro, repujada en ella la Virgen de Guadalupe, como en su momento consignó el propio rotativo del amigo de Emilio Carlos.

Por el editorial de marras vemos que al obispo de Celaya le gustaba eso de la verdad objetiva si hemos de darle crédito a su artículo póstumo, desde donde inferimos, pues lo dio a la estampa dos veces, que también al nuevo director del Diario lo atrae esa reflexión pastoral tantas veces destacada, cuando su papá era el director sirvió para rebajar los humos de Emilio Carlos, al que castigan negándole el espacio y la jerarquía concedidos a Lázaro o a Felipe Arizmendi Esquivel, pues para Pompeyo la vanidad es el talón de Aquiles arzobispal.

Cintarazo, conmovido por tanta autenticidad, decidió entonces acudir a su sombra para contar a los lectores de Lira Sartorial momentos íntimos de verdad insoslayable, por que la propia actuación pinta entonces con más verosimilitud los perfiles del espíritu de quienes están acostumbrados a la necesaria simulación para adular al ego adolorido. El nuevo director o el que le unció el yugo podrán desmentir o confirmar la versión de esta anécdota reveladora, protagonizada por Lengua Longa y parcialmente presenciada por su querido yerno el Cochinón.

Hablamos del lunes 3 de febrero de 1986. En el cuarto posterior del departamento de su casa montejuna, donde sus hijos Héctor Humberto y Berta Noemí, con sus nietos Cámara Menéndez, aposentaron su vejez de viudo, agonizaba D. Abel Menéndez Romero, nuestro segundo director. Cintarazo lo vio antes del mediodía y supo que ya estaba en el andén de salida. Por teléfono avisó a su hermano Abel, en Campeche: “lo de papá parece para hoy, si lo quieres alcanzar con vida”.

En la casa aledaña habitan los esposos Jorge Martín Jacobo y Teresita CarrilloGonzález. Cintarazo los visitó. Era la hora de la comida, ya servida. Declinó la invitación y explicó su presencia a Jorge: "Vengo a celebrar contigo". ¿Y qué festejamos?, le preguntaron: -Que aquí al lado se está muriendo mi papá. Levantaron la mesa y sirvieron el tinto y los licores.Al filo de las nueve de la noche, cumplido el insólito ritual, Cintarazo y Morfeo se retiraron a la que fue casa del fundador del Diario. Alrededor de las once ocurrió el fallecimiento. Su hija Ana María despertó a su hermana Berta Noemí, vencida por el cansancio y la vigilia, y ésta pidió a Cintarazo su presencia. Aunque renuente, aún bajo los efectos del festejo, Cintarazo la complació. Sus sobrinas, junto al cadáver, cantaban las canciones que a D. Abel le recordaban a su esposa. No tardaría en llegar el arzobispo Castro Ruiz para decir la misa de cuerpo presente.Junto a la escalera del pasillo, César Pompeyo le preguntaba al director del Diario de Yucatán por Lengua Longa. Carlitos le respondía: “Me dijo que no quiere venir”. Pompeyo, refrenando la voz, le ordenó a su vez: -Anda por ella y le dices que si es necesario la voy a buscar y la traigo aunque sea arrastrándola de los pelos”.

Pasado un rato, bañada en llanto, Lengua Longa llegó acompañada del Cochinón y tomó asiento en el pretil de la piscina junto a la recámara mortuoria. No quiso ver al difunto. Después de Choyo Llegó el arzobispo, preguntó por Cintarazo y fue a darle el pésame a la primera habitación. Antes de la misa, éste se despidió de Rosita Cobos, la superiora local de la congregación de su hermana: “Buenas noches. No tengo nada que hacer aquí. Lo que está en la cama de al lado es como una caja de zapatos sólo que sin zapatos”.

Minutos antes, en la mesa del comedor, Cintarazo le había entregado a Pompeyo unos versos que le leyó a D. Abel en presencia de su hija, nietos y hermana Gila, que llegó al final la tarde en que quiso que supiera lo que le diría cuando muriera. César los leyó. sonrió, dobló la hoja y la guardó en el bolsillo izquierdo de su camisa. No los publicó. Como resultaron proféticos, Cintarazo los reprodujo siete años después al rendirle un homenaje a D. Abel en la Revista Peninsular que dirigía su primo Eduardo:

Despedida

¿Para qué acompañarte al cementerio
si donde yaces tu yo te acompaño,
si en mi la fosa de tu cautiverio
es un jardín con flores todo el año?

Sobre huesos oscuros mi salterio
te seguirá cantando como hogaño.
¿Para qué acompañarte al cementerio
que es teatro de mentira y desengaño?

Serán mudos testigos tus despojos
de un llanto estéril, de un bajar los ojos
en social actitud de sufrimiento.

Mientras el mar recoge mis canciones
y las arroja en interrogaciones
que sólo puede responder el Viento.

Chicxulub, octubre de 1985.

j.r.m.n.-Especial para la Lira Sartorial.